La inseguridad y el terror al que estamos sometidos los ecuatorianos

La inseguridad ciudadana que vive nuestro país en los actuales momentos es crítica, es alarmante a tal punto que diariamente leemos en los medios de comunicación el asesinato por sicariato o por evitar el robo de nuestras pertenencias. Todo esto producto de tener 14 años en el gobierno a una pandilla de delincuentes liderada por Rafael Correa Delgado y Lenin Moreno Garcés, quienes, a través de sus lugartenientes en la Asamblea y en los órganos de justicia, han creado leyes que en lugar de proteger al ciudadano protegen al delincuente, limitan el accionar de la fuerza del orden y dan medidas sustitutivas a delincuentes, como arresto domiciliario, uso de grilletes o presentación periódicas ante un juez, mientras que sobre al agraviado recae todo el peso de la ley por hacer uso de su legítima defensa. Tampoco podemos desligar el alto índice de peligrosidad como producto del narcotráfico y microtráfico, resultado del entendimiento entre Correa y los líderes de la FARC y los cárteles de la droga para sacar la base norteamericana de Manta, la cual mantenía a raya el tráfico y microtráfico de las drogas en nuestra nación.

La inseguridad y el terror al que estamos sometidos los ecuatorianos ha provocado un debate sobre el uso permitido de armas para nuestra defensa. Para muchos portar arma no es la solución porque violencia genera más violencia, si un ciudadano trata de repeler un ataque con un arma, se generan una serie de probabilidades que favorecen al delincuente. Una es que tras el acto delictivo le roben el arma y ésta quede en manos de los malhechores. Otra probabilidad más grave es que mate a su atacante, lo que acarrea problemas para el ciudadano más aún con las leyes que nos impuso el crimen organizado liderado por Correa. También puede ocurrir que salga herido un tercero y por último el peligro que genera tener un arma dentro de nuestros hogares por la presencia de nuestros pequeños hijos. Por otro lado, para muchos, ante tanta inseguridad, peligrosidad y, cansados de tantos actos delictivos que nos perjudican en el plano personal, familiar y comercial, el portar arma se hace una necesidad imperiosa para nuestra legítima defensa, que sepa el delincuente que se mete a nuestras casas, a nuestros negocios, los delincuentes que nos asaltan en los semáforos o por cualquier calle de nuestras ciudades, céntricas o periféricas, que ellos también pueden salir lastimado, que también corren peligro lo cual permitiría bajar el alto índice de inseguridad y terror que vivimos.

El debate está abierto sobre este tema, todos dicen tener los argumentos necesarios, en pro y en contra del uso de armas para nuestras legítima defensa, pero lamentablemente con esta tracalada de delincuentes que nos gobiernan no podemos esperar que se resuelva este tema. Debemos esperar al nuevo gobierno para, como iniciativa ciudadana, exponer y exigir que esta lacra social que nos afecta termine.

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