Los ecuatorianos nos encontramos en una etapa de decadencia en lo moral, en lo ético, en lo profesional, en lo personal, resultado de 14 años de un gobierno de delincuentes que, aún en la actualidad, utiliza la ideología y la lucha de clase para dividirnos, para reinar sin oponentes y, que tiene arraigado en lo más profundo de sus células la corrupción que nos ha sumergido en una terrible crisis económica, que si no es por la dolarización fuéramos un estado con una inflación igual o peor que Venezuela.